jueves, 18 de julio de 2013

Maratón en Isleta


El pasado 1 de diciembre del 2012 participé en la maratón de la Isleta de 17 km. La maratón era organizada por Sergio con la colaboración de Felipe. Es la segunda vez que me encuentro con ellos.

El día de la maratón a las 8 de la mañana estuve con Felipe mientras me daba el dorsal y la pulsera-chip. Me enseñó el puesto en el que nos darían los masajes al acabar, el puesto de fruta de la meta y la zona de las duchas donde pude dejar mi maleta. ¡Lo mejor de todo es que me lo explicó en Lengua de Signos!

Sergio estaba ocupado con la organización general del maratón así que no lo vi hasta el final.

Estuve hablando con Felipe hasta que me fui a realizar mis estiramientos.

Cuando se iba a dar la salida, Sergio hablaba por el micrófono dando información general del recorrido a todos los participantes ¡y Felipe me lo interpretaba! ¡Qué gozada! Se informaba de las normas, de dónde estarían los soldados en caso de necesitar algún tipo de guía… la verdad es que nos lo explicaron todo con mucho detalle. Al terminar de darnos toda la información nos felicitó a todos y pusieron música de aerobic, fue todo muy divertido.

Felipe me dijo “Estate tranquila, concéntrate en disfrutar y olvídate de competir” y empezamos la carrera.

Empecé a correr sintiéndome muy satisfecha de mí misma porque la verdad es que una vez estás corriendo entre todas esas personas no existen las barreras, te sientes en total igualdad.

Hubo un tramo pendiente de la carrera en la que además hizo mucho viento y lo pasé bastante mal, sufrí mucho. Por otro lado me sentía muy orgullosa de poder seguir adelante. No fue nada fácil, hubo tramos peligrosos en los que el camino se estrechaba y la pendiente además del viento dificultaba muchísimo la carrera.

Intentaba con todas mis fuerzas concentrarme en seguir a los corredores que tenía delante y en no perder el ritmo.

Una vez llegué al puesto de avituallamiento, pasé mi pulsera por el chip de recorrido y bebí un poco de agua. Aquí recordé que Felipe me había aconsejado echarme agua en las muñecas y en las rodillas para recuperar energía y aunque pareciera una tontería me ayudó a continuar.

En el km 14 estaba el segundo puesto de avituallamiento en el que volví a hacer el mismo procedimiento pero esta vez no bebí agua, sólo cogí frutas, un gajo de naranja y mitad de un plátano y continué adelante. Lo que se avecinaba ahora era una fuerte pendiente descendente que al principio bajé sin ningún tipo de problema hasta que ¡resbalé y caí! Había dos chicos corredores cerca de mí y enseguida vinieron corriendo. Les hice ver que estaba bien que sólo me había resbalado pero enseguida me di cuenta de que había sufrido algún tipo de lesión en el gemelo así que me apoyé en una piedra para estirarlas. Una vez estirado me levanté para continuar la carrera. Los dos chicos seguían controlándome de cerca, preocupados por si había sufrido alguna lesión más grave. Seguí corriendo pero a los 10 minutos el pie se me durmió y caí con esa rodilla al suelo. Felix, uno de los chicos de antes, que casualmente se llama igual que el Felix del inicio del relato, se acercó corriendo y me movió el muslo para evitar una lesión. Yo los veía a los dos muy preocupados y no quería interrumpir su carrera. Ya quedaba muy poco para llegar a la meta, tan solo 3 km y yo quería llegar a toda costa. Medio kilómetro después volví a tener problemas con las piernas y volví a caerme y ya esta vez vi que no podía moverme,  aun así no quería molestarlos, quería que continuasen, ya les quedaba poco para llegar. Un soldado se acercó a preguntarme ¿Suspendemos? Pero yo sólo les decía ¡Espera! ¡Espera! Mientras intentaba con todas mis fuerzas estirar las piernas para recuperar la movilidad. Luché con todas mis fuerzas por seguir ante la mirada atónita de los dos chicos que habían visto mis dos caídas anteriores. Finalmente me levanté y les dije ¡No se suspende! ¡Continúo! Los dos estaban muy emocionados y me dieron muchos ánimos para que continuase los últimos kilómetros que me quedaban. Fueron los 3 kilómetros y medio más largos de mi vida. Durante los últimos kilómetros yo corría  detrás de uno de los chicos que me había ayudado, Signote y detrás de mí venía Felix. Signote me hizo señas como que Felix quería decirme algo. Me giré y vi que Felix me estaba dando una cebrita que yo llevaba colgada en el cinturón con el agua, ¡¡mi cebrita de la suerte!! ¡Muchas gracias! Y los 3 nos echamos a reír pero continuamos… en la meta se veía todo el alboroto de gente y cuando iba llegando Signote se paró y me aplaudió. Yo cogí su mano y esperé a que Felix llegase para cruzar los 3 juntos la meta porque sin ellos no hubiera sido posible. Fue muy emocionante… me sentí muy orgullosa y muy agradecida por toda su ayuda. ¡Jamás los olvidaré!

Al cruzar la meta recibí aplausos y abrazos… me dirigí al puesto de avituallamiento a coger algo de comer porque estaba agotada y necesitaba reponer fuerzas y descansar. Felipe (el del inicio de la mañana) se acercó a preguntarme qué tal me había ido y le expliqué lo duras que fueron las pendientes y ¡cómo no! Mis 3 caídas.

Pero todavía me esperaban más emociones y una sorpresa muy grande ¡Mi padre, mi hermana y mi sobrina, de la que soy madrina me estaban esperando! Felix y Signote vinieron a hacerse una foto conmigo, después me saqué otra con el otro Felipe y por último una con mi familia.

¡Fue un día estupendo y lleno de emociones!

Además, corrí los 17 km en 1:59.  ¡Un tiempo genial para mí! ¡El año que viene volveré a participar!

Doy mi enhorabuena a la organización  y colaboradores, en especial a Signote y Felix por todo su apoyo. ¡Jamás los olvidaré! Y por supuesto un agradecimiento de todo corazón a Felipe por su apoyo y por todo el esfuerzo que ha hecho para comunicarse conmigo en mi lengua, la Lengua de Signos.