El pasado 1 de diciembre del 2012 participé en la maratón de
la Isleta de 17 km. La maratón era organizada por Sergio con la colaboración de
Felipe. Es la segunda vez que me encuentro con ellos.
El día de la maratón a las 8 de la mañana estuve con Felipe
mientras me daba el dorsal y la pulsera-chip. Me enseñó el puesto en el que nos
darían los masajes al acabar, el puesto de fruta de la meta y la zona de las
duchas donde pude dejar mi maleta. ¡Lo mejor de todo es que me lo explicó en
Lengua de Signos!
Sergio estaba ocupado con la organización general del
maratón así que no lo vi hasta el final.
Estuve hablando con Felipe hasta que me fui a realizar mis
estiramientos.
Cuando se iba a dar la salida, Sergio hablaba por el
micrófono dando información general del recorrido a todos los participantes ¡y
Felipe me lo interpretaba! ¡Qué gozada! Se informaba de las normas, de dónde
estarían los soldados en caso de necesitar algún tipo de guía… la verdad es que
nos lo explicaron todo con mucho detalle. Al terminar de darnos toda la
información nos felicitó a todos y pusieron música de aerobic, fue todo muy
divertido.
Felipe me dijo “Estate tranquila, concéntrate en disfrutar y
olvídate de competir” y empezamos la carrera.
Empecé a correr sintiéndome muy satisfecha de mí misma
porque la verdad es que una vez estás corriendo entre todas esas personas no
existen las barreras, te sientes en total igualdad.
Hubo un tramo pendiente de la carrera en la que además hizo
mucho viento y lo pasé bastante mal, sufrí mucho. Por otro lado me sentía muy
orgullosa de poder seguir adelante. No fue nada fácil, hubo tramos peligrosos
en los que el camino se estrechaba y la pendiente además del viento dificultaba
muchísimo la carrera.
Intentaba con todas mis fuerzas concentrarme en seguir a los
corredores que tenía delante y en no perder el ritmo.
Una vez llegué al puesto de avituallamiento, pasé mi pulsera
por el chip de recorrido y bebí un poco de agua. Aquí recordé que Felipe me había
aconsejado echarme agua en las muñecas y en las rodillas para recuperar energía
y aunque pareciera una tontería me ayudó a continuar.
En el km 14 estaba el segundo puesto de avituallamiento en
el que volví a hacer el mismo procedimiento pero esta vez no bebí agua, sólo
cogí frutas, un gajo de naranja y mitad de un plátano y continué adelante. Lo
que se avecinaba ahora era una fuerte pendiente descendente que al principio
bajé sin ningún tipo de problema hasta que ¡resbalé y caí! Había dos chicos corredores
cerca de mí y enseguida vinieron corriendo. Les hice ver que estaba bien que
sólo me había resbalado pero enseguida me di cuenta de que había sufrido algún
tipo de lesión en el gemelo así que me apoyé en una piedra para estirarlas. Una
vez estirado me levanté para continuar la carrera. Los dos chicos seguían
controlándome de cerca, preocupados por si había sufrido alguna lesión más
grave. Seguí corriendo pero a los 10 minutos el pie se me durmió y caí con esa
rodilla al suelo. Felix, uno de los chicos de antes, que casualmente se llama
igual que el Felix del inicio del relato, se acercó corriendo y me movió el
muslo para evitar una lesión. Yo los veía a los dos muy preocupados y no quería
interrumpir su carrera. Ya quedaba muy poco para llegar a la meta, tan solo 3
km y yo quería llegar a toda costa. Medio kilómetro después volví a tener
problemas con las piernas y volví a caerme y ya esta vez vi que no podía
moverme, aun así no quería molestarlos,
quería que continuasen, ya les quedaba poco para llegar. Un soldado se acercó a
preguntarme ¿Suspendemos? Pero yo sólo les decía ¡Espera! ¡Espera! Mientras
intentaba con todas mis fuerzas estirar las piernas para recuperar la
movilidad. Luché con todas mis fuerzas por seguir ante la mirada atónita de los
dos chicos que habían visto mis dos caídas anteriores. Finalmente me levanté y
les dije ¡No se suspende! ¡Continúo! Los dos estaban muy emocionados y me
dieron muchos ánimos para que continuase los últimos kilómetros que me
quedaban. Fueron los 3 kilómetros y medio más largos de mi vida. Durante los
últimos kilómetros yo corría detrás de
uno de los chicos que me había ayudado, Signote y detrás de mí venía Felix.
Signote me hizo señas como que Felix quería decirme algo. Me giré y vi que
Felix me estaba dando una cebrita que yo llevaba colgada en el cinturón con el
agua, ¡¡mi cebrita de la suerte!! ¡Muchas gracias! Y los 3 nos echamos a reír
pero continuamos… en la meta se veía todo el alboroto de gente y cuando iba
llegando Signote se paró y me aplaudió. Yo cogí su mano y esperé a que Felix
llegase para cruzar los 3 juntos la meta porque sin ellos no hubiera sido
posible. Fue muy emocionante… me sentí muy orgullosa y muy agradecida por toda
su ayuda. ¡Jamás los olvidaré!
Al cruzar la meta recibí aplausos y abrazos… me dirigí al
puesto de avituallamiento a coger algo de comer porque estaba agotada y
necesitaba reponer fuerzas y descansar. Felipe (el del inicio de la mañana) se
acercó a preguntarme qué tal me había ido y le expliqué lo duras que fueron las
pendientes y ¡cómo no! Mis 3 caídas.
Pero todavía me esperaban más emociones y una sorpresa muy
grande ¡Mi padre, mi hermana y mi sobrina, de la que soy madrina me estaban
esperando! Felix y Signote vinieron a hacerse una foto conmigo, después me
saqué otra con el otro Felipe y por último una con mi familia.
¡Fue un día estupendo y lleno de emociones!
Además, corrí los 17 km en 1:59. ¡Un tiempo genial para mí! ¡El año que viene
volveré a participar!
Doy mi enhorabuena a la organización y colaboradores, en especial a Signote y Felix
por todo su apoyo. ¡Jamás los olvidaré! Y por supuesto un agradecimiento de
todo corazón a Felipe por su apoyo y por todo el esfuerzo
que ha hecho para comunicarse conmigo en mi lengua, la Lengua de Signos.



